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sábado, 17 de noviembre de 2007

Pensando en las musarañas

¿Sabéis lo que es una musaraña? Es un bichito bastante mono y diminuto. Os lo presento:

Os contaría cosas sobre ellas, pero no me acaba de apetecer, así que dejo el link a la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Musaraña

Y todo esto es porque estoy pensando en las musarañas, y me he puesto a buscar a ver qué tipo de bicho era. Todo por no hacer proyectos. Qué aburrimiento.

aquí se ve la escala del animalito

También busqué el porqué de la expresión "estar mirando/pensando en las musarañas". Pero no me convence y es aburrida. Otro día busco algo más entretenido.

Mientras tanto pensad en las musarañas, y disfrutad del finde. Un besito

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Odios irracionales #1

Bienvenidos a la primera entrega de una serie compuesta, probablemente, por una entrega. Aunque sobre odios irracionales se puede escribir mucho. Así que es posible que la serie se prolongue en el tiempo-espacio cibernético.

Mi primer odio a enumerar es el siguiente: los coches gigantes.

No, corrijo. Me encantan los coches grandes. Largos. Lo que odio son los monovolúmenes y todoterrenos. Empezando por el nombre.


También tengo que corregir eso. No odio tanto los monovolúmenes/todoterrenos si su presencia está justificada. En mitad del desierto, en las montañas rocosas, o con una familia de 7 ó 9 miembros en su interior los encuentro totalmente aceptables. Y me parecen estupendos, gran invento.


El problema está cuando te los encuentras delante, con una sola persona en su interior, en mitad de Madrid. Porque Madrid me encanta. Encuentro divertidísimo eso de no saber qué tipo de obstáculos vas a tener que sortear para llegar a tu destino, que si te duermes en un semáforo te despierte un pitido antes de que se ponga en verde (para que te dé tiempo a meter primera) o que el hecho de usar el intermitente sea una ofensa para el hábil conductor madrileño, que no necesita esas mariconadas. También que den igual las flechas que indican hacia dónde hay que ir en el carril en el que te encuentras. Tú te has puesto ahí porque había menos cola. Si alguien quiere girar que pite. Y que no ponga el intermitente, por favor.


Y el monovolumen va en contra de todo eso que nos gusta hacer a los madrileños. Al no ver lo que pasa delante, no se puede ir cambiando de carril para conseguir adelantar 3 ó 4 puestos en un semáforo. Y lo peor es que suele haber una sola persona en su interior, que seguramente se lo ha comprado sólo para poder mirar por encima al del coche de al lado. O porque se siente inseguro/a y necesita un tanque para moverse por las calles. Ahí pierde toda su gracia la competición. Tienen ventaja. No maniobran ágilmente, simplemente arrasan. Y los demás que se... mmm... aquí es donde tengo que usar una palabra de haddock... que se... bueno, da igual.

Esto es todo lo que se ve cuando se
te pone un bonito Monovolumen delante

Y por otro lado el nombre. Monovolumen... ¿quién lo inventó? ¿Qué quería demostrar?¿Son los demás coches multivolumen? Todoterreno está bien, se acepta. Y deja claro dónde se tienen que ir. Al monte, está claro.
Y son antiecológicos. Pero bueno, los demás coches también, así que con eso no me meteré demasiado.
¿Y por qué les tintan los cristales..?
De todas formas, todo lo que he contado hasta ahora es un odio racional. Sé las causas. Y el nombre de la entrada es "Odios irracionales". Así que os dejo llegar a la conclusión de que todo esto no tiene que ver nada con el título. Es sólo una introducción para hacer más amena una entrada que si no, todo lo que diría sería lo siguiente:



Odio los nissan micra verde oscuro:



Y no tengo ni idea de por qué.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Grandes estupideces #1

Entre los grandes momentos de estupidez de la especie humana (y hay muchos), está ése en el que piensas: "si sigo haciendo esto me voy a... [y aquí viene la variante adecuada: cortar, caer, o lo que se tercie]". Como cuando se te rompe un vaso, y decides recoger lo que puedas antes de ir a buscar la escoba. Si hay alguien a tu lado te observa mientras recoges los pedacitos, e invariablemente te dice: "No los cojas con la mano, que te vas a cortar". Pero no, tú respondes que no pasa nada, que son grandes, y sigues orgulloso a lo tuyo, hasta que te cortas. Ambos sabíais lo que iba a pasar, pero no se puede evitar, es como las mareas. Cuando tú eres el observador, sabes que la otra persona no va a hacer caso a tus advertencias, pero necesitas reafirmarte en tu puesto de sabiduría, que luego no se diga. Y sabes que tú harías lo mismo. Y cuando efectivamente, llega el otro alelao y se corta, pues en el fondo no puedes evitar sentir que tenías razón, mientras buscas una tirita y le recuerdas: "te lo había dicho".

Otro momento estelar es ése en el que te encuentras haciendo equilibrios en el borde de una escalera de mano, todo por no bajar, moverla veinte centímetros a la izquierda y volver a subir. Entonces piensas "si sigo así me la pego". Ése es el preciso instante en el que todos deberíamos parar inmediatamente. Pero siempre tendemos a comprobar el límite hasta el que podemos llevar nuestro centro de gravedad sin que haya consecuencias irremediables. A veces hay suerte. Pocas claro, pero las hay. Las mejores son cuando consigues recuperar el equilibrio con un susto del copón, pensando: "¡¡Rayos y centellas!! ¡Pa'berme matao!(he empezado con mi política de capitán Haddock... pero de momento la ñ minúscula tendrá que esperar...).

A lo que iba yo con todo esto es a que hoy he estado a punto de pegármela un par de veces. Pero me he salvado por los pelos, como siempre. Eso sí, ayer me corté con un espejo...

domingo, 2 de septiembre de 2007

ñ minúscula

Una cosa que no me gusta de mis queridos mails al club de fans (uno de los escasísimos fallos, porque jamás reconoceré no ser completamente genial :P) es la cantidad de palabras malsonantes. Así que en esta nueva encarnación nueva y mejorada voy a intentar suprimir ese error. ¿Y cómo lo voy a hacer? Cada vez que tenga la intención de escribir algo no apto para horario infantil, lo cambiaré por una palabra correcta y aceptable. En su defecto por algo que podría haber dicho el capitán Haddock, o el capitán Trueno. Como molan los capitanes. Y si es inevitable, pues pondre un bonito "piiiiiiiiiiiiii". Y así me iré ganando poco a poco mi sillón ñ minúscula para limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua castellana. Y podré ser todo lo pedante que quiera (efecto sonoro = carcajada maligna). Y si no lo consigo, siempre podré recurrir al efecto Cela. Si en el fondo algún taco que otro no es tan grave. ¿No?




jueves, 30 de agosto de 2007

¿Langostas? ¿Fans?

Me estoy dando cuenta de que escribir un blog sin fans es muy difícil. Porque no hay un destinatario al que dirigir mis delirios de grandeza, así que se empequeñecen. ¿Y qué es un delirio de grandeza empequeñecido? Pues nada, no es nada. Pierde su esencia. Como los monumentos griegos en los museos. Así que creo que me inventaré una legión de seres dispuestos a adorarme sin ningún motivo, y debo buscarles un nombre cuanto más absurdo mejor. Langostas, padawans, hormigas o mapaches no, porque esos fueron fans reales en mi imaginación.

Mmmm.. ¿alguna sugerencia?

(de momento tengo una gatita incondicional, ¡gracias Ire!)

sábado, 25 de agosto de 2007

Empezar

¿Y cómo se puede empezar un blog? Es una idea que nunca me había atraído, pero hoy estoy sentimental. Tras leer unos cuantos mails a aquello que llamé por decisión propia mi “club de fans”, he vuelto a las andadas. Pero aquello murió. Y en parte murió porque pensé que ya era suficiente para mis pobres “fans”, que nunca me habían pedido serlo. Así que aquí y ahora inauguro éste, mi nuevo Club sin Fans, para no obligar a nadie a leerme, pero poder seguir obteniendo los efectos terapéuticos de los delirios de grandeza espontáneos. Me doy la bienvenida, y se la doy a quien quiera visitarme. Y como en el fondo, esto siguen siendo mails, sólo que sin destinatario, pues me despido. ¡Un beso!